miércoles, 30 de noviembre de 2011

"Z": vive


Yo, ciudadano
Z: vive
Gustavo Martínez Castellanos

El retorno a la escena pública del ex gobernador Carlos Zeferino Torreblanca Galindo demuestra una vez más que en política nadie muere definitivamente. Su reaparición en Guerrero –toda distancia guardada- generó las mismas reacciones que su tocayo Salinas generaba cuando de pronto aparecía en México a unos meses de su autoexilio en Dublín.
El impacto que ocasionó su retorno fue tal que muchos medios y analistas recordaron atropelladamente su praxis como Ejecutivo estatal. Una muestra de ese impacto la dio El Sur –archirecontraenemigo jurado de Zeferino- que en la segunda línea del cuatro párrafo de la quinta columna de la página seis de su edición de este miércoles, lo vuelve a llamar “gobernador”. Aunque también podría tratarse de una estrategia publicitaria. Es El Sur.
Y no es para menos, la presencia de Zeferino en Guerrero se debe –aclaró- a que el gobierno de Aguirre lo acusa infundadamente de malversación de fondos públicos en su sexenio. Y a que El Sur lo acusa de ser candidato del PAN a la alcaldía de Acapulco; idea que, definió el ex gobernador, le parecía mejor que ser candidato a una senaduría.
Decida ser lo que decida ser, no puede pasarse por alto que la presencia de Zeferino en Acapulco aclara muchas cosas. Como el hecho de que las acusaciones y declaraciones en los medios en su contra sólo son eso: declaraciones y acusaciones. Éstas últimas, infundadas; porque de lo contrario, él no hubiera regresado, no hubiera hecho la reunión que hizo, no hubiera declarado todo lo que declaró. Ni anduviera tan tranquilo.
Cualquier ciudadano medianamente enterado de esas acusaciones, hubiera esperado que, en cuanto Zeferino asomara las narices en Guerrero, la Procuraduría lo aprehendiera. Pero eso no ocurrió. Eso demuestra que Zeferino está perfectamente enterado del estado que guardan esas acusaciones en su contra y del ánimo mediático que a través de ellas se pretende. Y de que López Rosas, ahora Procurador, otra vez no puede tocarlo.
Además, su regreso genera incertidumbre en el ámbito político local que se encamina a las elecciones del próximo año con candidatos casi posicionados. Para Acapulco, Walton, Rumbo, Fermín, Flores Maldonado y los que PRD y PRI decidan añadir o reposicionar. Con Zeferino en ese ánimo ¿qué partido lo apoyaría? ¿Cómo? ¿A cambio de qué?
Porque es evidente que él se sabe con plenos derechos para contender. Y todo mundo sabe que cuenta con la lealtad de un grupo que él ayudó a crecer política y económicamente y que hoy es dueño de muchas de las más rentables franquicias del país y de Guerrero. Con ellos y loas activos que acumularon en su sexenio, Zeferino puede regresar para quedarse.
Sobre todo porque ha roto con todas las usanzas políticas, como autoexiliarse en silencio. U obedecer “las tres cartas”. O reprimir cualquier aspiración política. Con él y con René Juárez, Aguirre tiene que reinventar la forma de hacer política en Guerrero para mantener el clima político apropiado para el desarrollo social y para unas elecciones pacíficas el año que entra. Hoy lo sabe: debe tener más prudencia.
Los analistas, por su parte, tendrán que abandonar la visceralidad. Si Zeferino está más vivo que nunca es porque ha sabido aprovechar el sistema político vigente y porque ha sido muy creativo. Es momento de que esos analistas también aprendan a leerlo y a traducirlo adecuadamente si en realidad quieren trabajar en favor de la sociedad suriana.
Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos@gmail.com;

domingo, 27 de noviembre de 2011

Festival de Cine en Acapulco


Yo, ciudadano
Festival de Cine en Acapulco
Gustavo Martínez Castellanos

El cine ha hecho de Acapulco una ínsula. Desde 1928 que se grabó aquí por primera vez una película, hasta hoy día, el cine que ha llegado a nuestro puerto sólo se ha quedado en la efímera forma de una filmación o en la ostentosa presentación de reseñas y festivales. Y se ha vuelto a ir. A reserva de 1914, que fue motivo del holocausto del teatro Flores.
El cine es otra de nuestras no-tradiciones, una más de nuestras no-tecnologías; la más grande de nuestras no-expresiones. Porque, y a pesar de ser Acapulco la ciudad en la que más películas se filmaron después de la posguerra, aquí no hacemos cine. Y por lo que se puede vislumbrar, en un futuro próximo, tampoco se va hacer.
La sentencia no es vana. Por principio de cuentas no tenemos industria fílmica como el Distrito Federal, Baja California o Durango. No tenemos escuelas de fotografía y de actuación, ni institutos de letras que promuevan el guionismo. No tenemos una clase económica que se interese en la producción; ni tenemos la estructura social ni cultural para promover el consumo, el análisis y la emisión de propuestas con referencia al cine de arte. Al buen cine. O cuando menos, al cine. A secas.
Peor aún: el cine que nos llega es lo más vacuo e insustancial de Hollywood. Peor que peor: las distribuidoras ni siquiera envían el cine más vacuo e insustancial de otras latitudes. Bollywood, por ejemplo. No sé si esta condena a una sola visión justifique la obstrucción tanto de universidades como de medios locales para promover el cine de arte en sus respectivos espacios. Lo único cierto es que, en materia de cine, somos una ínsula. Un punto perdido en el océano de esa gran carencia cultural.
Esa carencia causa pasmo cuando vemos que el Instituto Guerrerense de Cultura avala el Festival Internacional de Cine de Acapulco con sus desaciertos. El mayor: la falta de una motivación local para erigir de un festival de cine una vertiente cultural. ¿Qué director, que fotógrafo, qué musicalizador, qué guionista, qué escenógrafo, qué editor, qué actor acapulqueño o guerrerense puede avalar la presencia de un festival así? Ninguno. No hacemos cine. ¿Qué película? Ninguna: no hacemos cine. No hacemos cine.
Así, el Festival Internacional de Cine de Acapulco, es, como la Fiesta de la nao, las Jornadas Alarconianas y demás, otro desatino cultural. Otra mentira en ese rubro.
O, visto desde un ángulo práctico: es otro subterfugio de promoción turística. Pero nunca de promoción de la cultura local, porque -así como no pertenecemos a una tradición náutica (como industria y objeto de investigación) tampoco hacemos teatro. Ni hacemos cine. ¿Qué hacemos? Al menos en Acapulco hacemos turismo y lo hacemos tan mal que nuestros índices de ocupación decaen a grado tal que tenemos que echar mano de los recursos de cultura para tratar de levantar esos índices con éste y otros subterfugios.
Sin embargo, las cosas no están tan mal como parecen. El Instituto Guerrerense de Cultura puede empeorarlas. Y lo hace con gusto y mucho ahínco.
En esta emisión, el Festival Internacional de Cine de Acapulco incluyó una sección llamada “Aquí se filmó” en la que presentó películas que, aparte de todas las ausencias descritas líneas arriba, desdice su nombre: son películas cuyas historias inician en otras partes, con protagonistas y problemas de aquella latitudes y cuyo guión exige filmar en  “Acapulquito” a cuenta de que éste puerto era por excelencia el centro de diversiones de la clase pudiente mexicana de inicios de la segunda mitad del siglo XX y era prestigioso filmar aquí. Era.
Pero ninguna de esas películas inicia y termina en lo que es Acapulco, es decir, la ciudad, no sólo sus playas o la zona turística. Ninguna toca nuestros problemas ni lo que somos, ninguna presenta rasgos de nuestra cultura porque ninguna hace recurso ni de nuestra idiosincracia, nuestros regionalismos, nuestra espiritualidad o nuestra cosmovisión. Y cuando se da el caso de esa oportunidad (pienso en Subida al cielo o Simbad el mareado) los protagonistas hablan, actúan y piensan como entes ajenos a nosotros.
Ese desconocimiento (o desdén) por lo que somos los acapulqueños va de la mano de una estética fílmica que privilegia la toma panorámica de las bellezas naturales de la zona turística; nunca nuestros barrios pobres o nuestros sitios sagrados (Palma Sola, el panteón San Francisco entre otro) o nuestra urbanística; (contra la visión de Fun in Acapulco, 1963 en la que Elvis Presley en un excelente montaje recorre el Barrio de La playa en bicicleta). Esa estética llegó a extrapolaciones tales como La Perla (Emilio Fernández, 1947) en la que Acapulco sólo es el fondo o paisaje de un excéntrico potpurrí de “mexicanadas” (como “romperle el hocico” al Popocatépetl)  extraídas de un sinnúmero de tradiciones regionales.
El terrible –e imperdonable- desconocimiento (o simple y vulgar ignorancia) tanto del arte fílmico como de lo que somos por parte de los funcionarios del Instituto Guerrerense de Cultura dio como resultado esa aberración semántica (y semiótica) llamada “Aquí se filmó”; porque, por si fuera poco, sobre todos los yerros mencionados aún falta señalar la carencia absoluta de perspectiva y análisis necesarias para la elaboración –y erección- de un programa así. Una investigación somera nos dirá que la ausencia de una industria y de un centro de análisis fílmicos en Acapulco; así como el hecho de haber sido usado –y seguir siendo usado- como telón de fondo de historias ajenas, se debe a que el resto del país nos ve como pro-vincia; es decir, “territorio a vencer”. O vencido.
En efecto, seguimos siendo una colonia para el gran capital. Su cine (que no nuestro) lo ha dicho en cada una de las películas que ha venido a filmar: somos su set y en él jamás dejará un poco de su ciencia, tecnología y filosofía para beneficio de este territorio (que considera suyo) y de sus hijos. Le conviene que sigamos siendo ésa ínsula.
Visto así “Aquí se filmó”, no hace otra cosa que recordarnos nuestras insalvables carencias. Nuestro infinito atraso. Nuestra condición provinciana. Y la torpe promoción cultural que el Instituto Guerrerense de Cultura hace de todo eso.
Sin embargo, no todo es malo. En cada película “filmada aquí” podemos atestiguar cómo con el paso de los años la belleza prístina de nuestro entorno se fue perdiendo bajo un mar de concreto y de edificios, marinas y muelles, puentes y demás desatinos urbanísticos. Ese ejercicio de testimonio que nos presenta el cine que “Aquí se filmó” bien puede servir para estudios de deterioro y depredación ambiental que puedan explicar la contaminación de nuestras playas, la pérdida de nuestros valores locales y, por ende, la huída del turismo internacional, que incluye a los cineastas que de otros países también vinieron a filmar aquí.
Sería bueno reconocer que sin programas como “Aquí se filmó” análisis como éste no podrían ser posibles, pero creo que es mejor proponer al IGC que se preocupe -aunque sea un poco- por conocernos y analizarnos y por emitir propuestas que abatan nuestros atrasos y carencias. A su titular, pedirle que cambie de asesores; que no olvide que le advertí que la iban a hacer quedar mal, porque están igual o peor que ella en materia de cultura local.
Y que deje el ejercicio de la promoción turística a la Secretaría de Turismo.
Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos@gmail.com;

viernes, 25 de noviembre de 2011

Siete modelos femeninos, la presentación


Yo, ciudadano
Siete modelos femeninos para William Shakespeare
Gustavo Martínez Castellanos

El sábado 19 presenté este primer libro mío. Rodeado de muchos amigos, algunos a quienes no veía desde años atrás, como a mi brother Alex Raviela, o a mi entrañable Gloria Olivares. Otros a quienes no conocía más que por el intercambio de ideas por e-mail como al maestro Robespierre Moreno Benicio, padre de una niña que fue mi alumna cuando daba talleres en Hornitos 7. Y otros que me dijeron que me leían porque algún amigo les reenviaba mis artículos y que aprovecharon la oportunidad para conocerme en persona.
Puedo decir que estuve abrazado por mi gente. Mis consanguíneos, mis amigos, mis compañeros escritores, Daniel Baruc, Patrice Stinckwich. Flanqueado por mis compañeros de Culturacapulco, que tal vez hicieron mal al no pensar con calma si querían presentar Siete modelos y aceptaron sin cortapisas; como Pavel que era el primer libro que presentaba y que a pesar de su juventud y de su inexperiencia lo hizo muy bien. O Ari, que ya había presentado libros pero que reconoció que Siete modelos era complicado “No creo que sea posible que haya un libro como éste publicado en Guerrero”. Idea que anticipó Aída cuando dijo que “‘Antoine’ era, después de ‘Sin niños’, el mejor cuento jamás escrito en Guerrero”. O como Astrid Paola que nos hizo reír a todos con su sinceridad: “Empecé a leer el libro con el cuento ‘Astrid’, ustedes saben por qué”, dijo. Le pregunté Por qué, ella respondió “Porque yo me llamo así. Pero nada qué ver”. Sí, para todos –y eso me incluye - Siete modelos tiene una naturaleza difícil de abordar. Perturbadoramente dúctil.
De esa fractura que flotaba en el ambiente nos salvó Isabel Reyes quien dirigió el programa con todo el salero y la prestancia que desborda como la negra hermosa y nuestra que es y que otorgó al evento un aire de fiesta costeña, de las nuestras. “Fue una cumbia”, reconoció ahí un amigo. “Fue una presentación muy cálida, sin estiramientos”, me dijo después Gloria por teléfono. “Tal como yo la quería”, reconocí.
Antes del final, uno de mis hermanos me pasó una nota que decía que el licenciado Alfredo Díaz Solano, director de cultura municipal, estaba ahí en representación de mi amigo el Doctor Manuel Añorve, gracias, Manuel. Quien no envió representación fue mi amigo el licenciado Ángel Aguirre. El sábado 12, mientras él asistía al funeral del licenciado Blake, el licenciado Armando Añorve me tomó la llamada y de la forma profesional y digna con que siempre trata a todo mundo recibió mi invitación de viva voz y me avisó que el gobernador estaría el martes en Acapulco; pero en toda esa semana ya no pude contactarlo; anduvo muy ocupado. Como haya sido, le envío un afectuoso abrazo.
En cambio, a Alejandra Frausto, directora del IGC, le dejé la invitación en su oficina y tampoco asistió. Fue una pena, sé que le hubiera agradado atestiguar el evento literario de un desconocido escritor costeño que sin recursos del gobierno publica un libro, lo presenta, llena una sala para 80 personas y vende ahí mismo 40 ejemplares. Será para la otra.
Gracias a mi amigo Carlos López, director de Editorial Praxis, por la publicación de Siete modelos femeninos para William Shakespeare, el libro había sido condenado al olvido y él lo rescató de ahí. Gracias Carlos. También agradezco a mi amigo Sergio Salmerón, gerente del Hotel Playa Suites, por facilitar la sala para que Siete modelos fuera presentado dignamente en Acapulco. Gracias Sergio. Qué es un hombre sin amigos.
Gracias a Aída, Pao, Ari, Pável e Isa. A mis amores: Mary y Rosita.
Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos@gmail.com;
* Nos vemos en la Exposición "Mona Lisa y algo más"  mañana viernes 25 de noviembre a las 18:00 h en el Centro Copacabana (frente al club de Golf) Invita el taller de Aída Espino
* Para quienes me preguntaron donde podían adquirir el libro Siete modelos femeninos para William Shakespeare les envío el link: http://www.editorialpraxis.com

jueves, 24 de noviembre de 2011

Aviones


Yo, ciudadano
Aviones
Gustavo Martínez Castellanos

Quiero ofrecer una disculpa a mis lectores por no haber subido desde el sábado la reseña de la presentación de mi libro, Siete modelos femeninos para William Shakespeare; la cena de celebración con mi familia, la boda de una de mis hermanas el domingo, la tornaboda el lunes en la playa, un viaje que inicié el lunes en la noche y que terminó ayer, y compromisos varios impidieron que me sentara a realizar la reseña. Aún más, la boda y la tornaboda me indicaron que escribir sobre este fin de semana en Acapulco era más urgente.
Mientras los novios se desposaban ante un juez en un local de la Condesa, el cielo brumoso de la bahía era insistentemente trazado por potentes aeronaves. Abajo, las playas estaban abarrotadas de turistas y acapulqueños. Había mucha gente en restaurantes y tiendas y una cantidad excesiva de autos en la costera. Todo esto había iniciado el sábado, llegó a su clímax el domingo pero terminó subrepticiamente la mañana del lunes.
Casi todos los invitados se estremecieron con el rugir de los potentes motores de los aviones. Casi todos tomaron fotos. Casi todos se asomaron aunque fuera una vez al balcón para verlos –sobre todo a los imponentes helicópteros de la Armada de México que hicieron maniobras en la cuenca del arroyo de la cañada de los Amates- y después de un rato, casi todos estaban cansados de respirar el penetrante tufo a combustible quemado que dejaron en el aire las intrépidas naves. A la noche, nadie las recordaba. Había sido un suspiro.
 Desde que se presentó el Air Show en Acapulco por vez primera manifesté mi desacuerdo con que ese tipo de eventos se realizaran aquí. En ese entonces gobernaba Guerrero Zeferino Torreblanca; y, Acapulco, Félix Salgado. Y la izquierda local estaba metida en el clásico lío definitorio de toda izquierda contemporánea: ideas vindicatorias, teoría marxista, praxis burguesa. Por ello, como aquella vez, por “rescatar a Acapulco” muy pocos políticos, ideólogos y ecologistas sintieron resquemor por la presentación del “Air Show”. Y quienes se sintieron obligados a pronunciarse en contra fueron finalmente “convencidos” de sus virtudes por ambos gobiernos. Y por una prensa “de izquierda” pero bobaliconamente entusiasmada con ese circo burgués y otros no menos bizarros.
Por mi parte mi desacuerdo fue y aún es por razones apegadas a nuestra realidad.
Acapulco no es un pueblo con tradición tecnológica como aquellos en que se diseñan, construyen y venden aviones. Allá los espectáculos aéreos sirven para probar a sus pilotos y para hacer menos macabra la misión de muerte y destrucción de esos aviones (y de esos pilotos) porque casi todos son aparatos de guerra. En México sólo vivimos eso con los vuelos rasantes de provocación del  ejército mexicano contra los zapatistas en Chiapas.
 Acapulco, en cambio, es un lugar cuyo mayor referente es la naturaleza: el paisaje, la ecología, el clima; elementos que juntos se convirtieron en ventajas de muy alto nivel en el mercado turístico. Además de nuestra cercanía con Estados Unidos y Europa que, con referencia a Centro y Sudamérica, nos mantiene en un nivel privilegiado.
Esas ventajas, sin embargo, devinieron en desventajas en cuanto se implantó aquí el modelo turístico estadunidense que exige hotel con playa; pavimentación y construcción en donde sea (acantilados, estuarios y ensenadas) y un uso rapaz del paisaje, la ecología y el clima, entre más valiosos, más caros; es decir, inaccesibles para las clases media, baja y depauperada. Ese esquema dio como resultado una ciudad inoperante, caótica, ineficaz; tanto para el descanso como para el desarrollo de la industria y el comercio. Por si fuera poco, la voracidad de líderes y políticos y de compañías tanto extranjeras como locales, originó una rémora de prestadores de servicio que cada temporada expolia, defrauda y maltrata al visitante. De esa forma el turista sale de Acapulco jurando no regresar nunca. Y no regresa. Ya lo vimos. La puntilla la vino a dar la violencia que vive el país todo, y que aquí se agudizó por dos factores locales: la siembra de enervantes en la sierra y su trasiego por costa y el alto consumo en los sitios turísticos. Acapulco, el más dinámico.
Traer de nuevo al turista a Acapulco y a Guerrero, requiere entonces de un trabajo de reversión de ésos, nuestros grandes problemas locales: la polución, es decir, playas limpias, transporte no contaminante ni por gases ni por ruido; el ambulantaje (el lunes  había más ambulantes que turistas en las playas), ordenamiento del transporte urbano y el abatimiento de todas las mafias -incluidas las de temporada-, sólo por señalar una: hay lugares en la costera en la que restauranteros y tenderos impiden que el visitante estacione su auto si no va a consumir en sus locales. Ante este panorama, un análisis somero indica que la inoperancia de la ciudad y sus aberraciones –como evento urbano- no son los únicos responsables de la huída del turismo sino una increíble falta de conciencia con base en un sentido de identidad y de pertenencia con referencia a nuestra ciudad y lo que es.
Debo insistir en que es urgente revalorar nuestras virtudes y bondades en función de nuestros valores humanos, nuestras tradiciones y costumbres, nuestros ecología y paisaje. Nuestra cosmovisión. Trabajar en eso requiere de otro tipo de esfuerzo entre sociedad y gobierno; por poner un ejemplo diré que debe ser similar al que realizó la ciudad de Guadalajara para obtener el galardón de que estos Panamericanos hayan sido calificados como los mejores de toda la historia. Por supuesto, hay muchísimos factores culturales y económicos a favor de la Perla Tapatía para ello; pero hay muchísimos más en experiencia en materia turística en la Perla del Pacífico, pues, en turismo, Acapulco es potencia. En México y en el mundo nadie puede negar eso. Nuestra idea de la tecnología, entonces, tendría que ver de forma muy particular con el turismo y todas sus concomitancias: desde innovaciones en materia de servicio al cliente hasta la experimentación en materia gastronómica y coctelería. Por supuesto, el cuidado y preservación de nuestra ecología y de nuestros lugares emblemáticos –y sagrados-, el conocimiento de nuestra historia local y la orientación tanto de la ingeniería civil como de la arquitectura en función del arribo a una mayor operatividad del urbanismo y del abatimiento de energéticos fósiles para preservar limpio nuestro entorno y prístino nuestro paisaje. El turismo es lo nuestro, visto como una parte –muy pequeña pero específica- de nuestra identidad. Alentar su investigación, su promoción, su enaltecimiento como el producto de nuestras potencialidades nos puede ayudar a reinventarnos, a recuperarnos y a pelear por el quinto lugar en el ranking mundial que los gobiernos de Felipe Calderón y Ángel Aguirre nos propusieron hace seis meses.
Sí, este fin de semana el empresariado local tuvo un respiro económico, pero no hay que olvidar que fue gracias también a muchos factores conjuntos: el puente del día veinte, el “fin de semana más barato”, el adelanto del aguinaldo. ¿Cuándo se repetirán esas condiciones? No observar eso puede significar un gran error en este momento.
Por ello, insisto en que gobierno y sociedad necesitamos trabajar en lo nuestro y, desde sus raíces netamente culturales, perfeccionarlo. Debemos concienciar al empresario y al prestador del servicio, y otorgar al acapulqueño y al guerrerense identidad. Sentido de pertenencia. Bonitos aviones. Ya se fueron. Ahora sólo quedamos nosotros. Nosotros.
Felicidades a mi hermanita Rosy y a Andrés por su boda, que Dios los bendiga siempre. En la próxima entrega, la reseña de la presentación de mi primer libro. Vale.
Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos@gmail.com;

viernes, 18 de noviembre de 2011

Acapulco, ciudad de 212 años


Yo, ciudadano
Acapulco,  ciudad de  212 años
Gustavo Martínez Castellanos

Acapulco hoy es punto de cruce de culturas. Su rostro es multirracial, su cosmovisión es ecuménica. Su esencia es la anfitrionía.
Acapulco se funde en el entorno de un estado en el que las expresiones culturales son tan disímbolas como intensas. Y es summa de ellas.
Su manifestación es incesante: profundiza en los colores y las formas que se materializan en sus artesanías, en el brillo de sus abundantes minerales y en el elocuente espectro de sus sabores y sus aromas, desde su variada floricultura hasta su gastronomía. Desde el litoral hasta la serranía. Acapulco es eje de tierra, mar y cielo.
Esa profusión de sentidos tiene un par en las múltiples lenguas que habitan la entidad y que van de las expresiones autóctonas (náhuatl, tlapaneco, mije,  amuzgo) hasta los idiomas en que ha hablado la diplomacia en Occidente y que han encontrado un hábitat cosmopolita en su vocación turística. Al abrigo de todas esas expresiones lingüísticas, Acapulco alberga casi todas las posturas filosóficas y religiosas del orbe. Es, en potencia, el punto geográfico en que se dan cita todas las manifestaciones humanas.
Acapulco es “el lugar”.
Ya desde su más temprana historia Acapulco fue asiento de tribus nómadas que dejaron testimonio de su paso grabado en los monolitos de Palma Sola, Pie de la Cuesta, Caletilla, Punta Bruja, la Sabana. Nombres inmortales. Expuestas a los puntos cardinales, esas antiguas huellas, aún sorprenden a los investigadores por lo hermético de sus mensajes. La diversidad de sus “alfabetos” denota, en los espectros de lectura científica, las graduales migraciones que inauguraron el destino hospitalario de nuestro anfiteatro. Ese destino potenció su influencia durante la conformación de los señoríos mesoamericanos, posiblemente albergó el embrión de culturas tales como la olmeca y la tolteca y sirvió de enlace a las rutas mercantiles del litoral Pacífico hasta Centro y Sudamérica y acució el dinamismo de los nacientes mercados de los poderosos asentamientos del valle de México.
Ya desde aquel prístino enclave histórico, Acapulco fue rosa de los vientos, norte de todas las brújulas, polo de migraciones.
Al ingreso de América a la zona cultural de occidente, el eje migratorio de nuestro puerto trazó la ruta de tornavuelta del otro lado del mundo y fue vértice del sistema axial que unió a Europa con Asia durante doscientos cincuenta años.
La expansión del mundo, sin la participación de Acapulco -la puerta dorada hacia el Oriente- hubiera sido imposible. El tráfago mercantil que enriqueció no sólo las industrias de Europa sino la visión del planeta tuvo en Acapulco su más grande y seguro puerto y, a su vez, su más vívido y entusiasta punto de encuentro pues en él se daban cita, por vez primera en el orbe, todas las razas.
Aún antes de que el orden novohispano decayera, Acapulco ya era albergue de las naves de las nacientes compañías navieras de este litoral.
La gesta de independencia, atrajo, además, a personajes significativos de diversas naciones que adoptaron del desarrollo de nuestra lucha libertaria el embrión de un nacionalismo sin cotos que consiguió, después de once años de lucha, ver en nuestra tierra suriana la consecución de la paz y el devenir de una nueva y valerosa nación.
Desde la segunda mitad del siglo XIX, nuestra rada vio ondear sobre sus aguas las banderas de cien países, no siempre en son de paz, pero indudablemente atraídos por su leyenda secular de áureo puerto hacia el oriente.
En el siguiente siglo su vocación hospitalaria detona en cuanto llega a ser considerado el puerto mexicano del Pacífico. Siempre surto de naves de gran calado, ya mercantes, militares o diplomáticas que llegaban con príncipes y magnates en su interior, Acapulco es ya referencia obligada en las estrategias de expansión mercantil de las grandes potencias o de cita de los grandes itinerarios de los viajes de placer
Durante esa etapa que abarcó las dos guerras Acapulco no sólo fue refugio y hostal para el viajero de mar, sino un pretexto para incursionar en el universo del mundo intocado con las ventajas del mundo moderno.
En efecto, desde el triunfo de la independencia, los caminos por tierra se cerraron y debido a ello Acapulco conservó su belleza virginal hasta bien entrada la segunda mitad del siguiente siglo. Es en este periodo en el que con el auge de la industria turística  mundial Acapulco deja del ser “un puerto mexicano del Pacífico” para llegar a ser el puerto mexicano por excelencia. Y oleadas de visitantes inundan todos sus espacios. Proyectos mundiales se signan en su interior. El mayor océano del planeta, y que baña sus playas, es cuenca que vertebra no sólo una de sus costas, sino, nuevamente, todas.
La significación que encierra el hecho de que este 17 de Noviembre se recuerde en Acapulco que hace 212 años recibió la cédula real que certificaba su derecho a ser llamada ciudad es histórica en el sentido de que se inserta sólo en una parte de lo que Acapulco es: en el espacio geoeconómico que significó al imperio español un punto de entrada y salida de mercancías para su pujante sistema de explotación.
Hoy, a doscientos años que Acapulco fuera un puerto novohispano, y a ochenta y cuatro años de haber sido unido a la capital del país por una carretera transitable, la valoración del adjetivo ciudad es distinta, no sólo porque pase por una criba legal, sino porque los criterios que generan y arman una idea de la ciudadanía han cambiado.
Bajo la expresión de la democracia, el evento urbano que ha cubierto lo que Acapulco era, tiene un destino que cumplir. Y un cúmulo de problemas que enfrentar, de cuyo no se han atendido con el interés adecuado el de la identidad y el del sentido de pertenencia ni de sus habitantes ni de la ciudad misma. Tampoco se ha atendido su vida intelectual, estética y espiritual. Incluida su vertiente religiosa. En el concierto que forma el murmullo de  todas las ciudades del orbe ¿cuál es el armónico que emite Acapulco?, ¿es propio? ¿Es?
Tenemos una ciudad y la celebramos a diario, y esa celebración deviene en profundo sentido de desprecio porque no sabemos qué vestigios concretan sus sustratos, no sólo los arqueológicos, sino los antropológicos y los sociales. ¿Cómo se es de Acapulco? una gran pregunta que nadie ha querido responder. O no ha podido responder. El gentilicio es profundo porque continúa siendo una oscura e ingente interrogante. Una duda que ninguna de nuestras universidades, ni los archivos eclesiásticos, ni la creatividad local han abordado. Apenas, si acaso, una réplica en contrastación movida por algún sentimiento telúrico y chouvinista atraviesa de vez en vez nuestras charlas al respecto. 212 años de duda, son muchos para una sola ciudad. Y eso, apenas desde la emisión de la cédula real.
Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos@gmail.com;
Este sábado 19 a las 18:30 Hrs. en el salón Palma Sola del Hotel Playa Suites, será presentado mi primer libro: Siete modelos femeninos para William Shakespeare.  Mis alumnos –formados en Acapulco por este acapulqueño- serán quienes lo presenten.

Dos del fin de semana en Acapulco


Yo ciudadano
Dos del fin de semana en Acapulco
Gustavo Martínez Castellanos

Uno. Que “Guerrero Seguro” está funcionando en Acapulco lo demuestra el hecho de que nuevamente las patrullas de Tránsito se atreven a circular por la ciudad y a levantar autos supuestamente mal estacionados; que era algo que ni por asomo hacían hace un mes debido al temor de levantar por error algún auto cuyo dueño fuera narcotraficante.
Los ciudadanos descansamos entonces de la extorsión de las autoridades locales, que si bien no atacaban al crimen organizado tampoco nos molestaban. Ahora, que poco a poco asoma cierta atmósfera de seguridad –debida al ejército y a la policía federal-, las fuerzas del orden locales nuevamente salen a levantar indebidamente autos e infracciones.
El domingo pasado pudimos atestiguarlo cuando regresamos al lugar en que habíamos dejado el auto y ya no estaba. Una señora que vende raspados nos dijo: Hace cinco minutos que se lo llevó la grúa. Fuimos a las oficinas de tránsito y lo que vimos era increíble: una grúa del gobierno municipal depositaba en el corralón hasta dos autos al mismo tiempo. Allá, al fondo, estaba el nuestro. Preguntamos por el encargado y nos señalaron a una señora sin uniforme que vestía pantalón de mezclilla  y blusa a colores. Junto a ella un muchacho alegaba que el auto detenido era de un agente ministerial.
Preguntamos a la señora bajo qué criterios habían recogido el auto si no estaba mal estacionado y ella respondió que había una cámara grabando en la costera. Preguntamos por su ubicación y ya no quiso responder. Más tarde llegó su jefe, un señor que iba en bermuda, chemisse y mocasines y que al igual que ella no llevaba ni distintivo (la placa oficial) ni el gafete reglamentarios. Cuando le preguntamos dónde estaba la cámara que grababa en la costera a los autos mal estacionados él nos aclaró que no había tal cámara (¿y el C-4?) que la señora se había referido a la cámara del chofer de la grúa con la que fotografiaba los autos que iba a recoger, que en cuanto llegara nos enseñaría la foto que él había tomado del auto que reclamábamos. Preguntamos si aquella cámara era oficial y que si archivaban las fotos. Nos dijo que no, que sólo era la cámara personal de ese empleado. Cuando le preguntamos por qué confiaban en un empleado que para cubrir su cuota dominguera posiblemente arrastraba los autos hasta el lugar que le convenía, ya no quiso responder.
De la información recabada puede colegirse que el ayuntamiento de Acapulco ha depurado sus técnicas para extorsionar sólo a los ciudadanos, porque hasta ahora ningún medio de comunicación ha informado que esos patrulleros hayan hecho uso de sus cámaras personales para documentar la presencia de miembros de los grupos delictivos que aún tienen en jaque a la ciudad; muy al contrario, cuando saben de algún percance así, huyen de la escena y dejan al ciudadano indefenso, de otra forma Acapulco no estaría aún señalada en medios extranjeros como una de las tres ciudades más peligrosas del planeta.
Lo inverosímil de que el ayuntamiento esté cubriendo con grúas propias su cuota de autos confiscados es porque esa concesión pertenecía a las compañías locales de grúas que también realizaban prácticas de extorsión ciudadana al por mayor. Ese domingo, el corralón estaba lleno de autos recién levantados (eran las 3 de la tarde) y seguían llegando más. Se ve que el ayuntamiento necesita recaudar mucho dinero; lo que no sabemos es para qué, si inclusive los inútiles camellones que hace un año se remozaron en Cuauhtémoc en vísperas de las elecciones ya se están deshaciendo.
No podemos dejar de señalar que el Ayuntamiento de Acapulco viene haciendo lo mismo que hace el crimen organizado: generar desconfianza y recelo por nuestra ciudad.
Para no tener que lidiar con la pesadísima burocracia local el lunes en la mañana, pagamos el arrastre y sacamos nuestro carro. A cambio de los $297.00 que nos costó la extorsión obtuvimos la información siguiente: los domingos los empleados de Tránsito  trabajan sin uniforme, sin distintivo y sin gafete (¿quién garantiza que son empleados municipales?) El ayuntamiento vulnera nuestras garantías al confiar en el criterio de una persona para detener nuestros autos. Y como no hay cámaras de vigilancia en la Costera, cualquier pillo puede hacer lo que se antoje y nunca quedará testimonio. Así ¿cómo vamos a recuperar la tranquilidad y el turismo extranjero en Acapulco?
Dos. Alejandra Frausto nuevamente metió la pata; ahora con el certamen literario “Acapulco en su tinta” que terminó premiando a un defeño. Mala calca del “José Agustín”, ese certamen no premia a los escritores locales como su nombre lo alude y no lo hace porque la tremenda ignorancia de Alejandra Frausto le volvió a ganar la batalla: permitió como parte del jurado a otro miembro de las huestes de Jeremías y Citlali: José Dimayuga.
Se dice que este personaje es gente de teatro y que porque tiene una novela publicada ya es narrador. Lo que es cierto es que hace años formó en Acapulco un grupo que se autodenominaba “Gay Power” porque estaba principalmente formado por cultureros de preferencias sexuales distintas. Su mayor logro fue que la sociedad acapulqueña no se escandalizara con sus historias de amor cuyos ecos resonaban hasta en las redacciones de algunos periódicos y en ciertos niveles administrativos y políticos locales. Sus fiestas eran legendarias, a grado tal que más tarde Citlali Guerrero se declararía porque “nos siguieran invadiendo escritores extranjeros” y continuara campeando “el espíritu dionisiaco” en esa ínsula barataria en la que tanta fama alcanzó. En un afán de reafirmar su orgullo gay publicaban portadas escandalosas en las revistas bajo su férula y textos de la laya del “Elogio de la verga” que José Dimayuga firmó siendo Director de Cultura Municipal.
Porque, en los dos golpes que Jeremías y Citlali asestaron contra la gestión de cultura municipal de Aída Espino, Dimayuga se prestó a cubrir el puesto y a respaldar el desvío de los recursos de cultura de los trienios de López Rosas y Félix Salgado, a quienes la honestidad de Aída les resultaba cáustica. Con López Rosas, José Dimayuga justificó la desaparición de dos y medio millones de pesos en cuatro meses; y, en el trienio de Félix Salgado, la de veinte millones con los cuales se pagaban a sí mismos Jeremías, Citlali y Dimayuga jugosos sueldos y otros servicios; esa jauja llegó a beneficiar a su voraz grey y a los afiliados al “Gay Power” con quienes adquirieron fuerza y presencia en Guerrero.
Hasta que desde este espacio se empezaron a denunciar sus trapisondas.
Ya habíamos anticipado que Citlali iba a hacer que la balanza de este certamen se inclinara a favor de uno de los suyos. También anticipamos que no confiábamos en la administración de los recursos de cultura bajo la dirección de Alejandra Frausto hoy rodeada de estos personajes de negrísimo historial. En aquella ocasión, pregunté al gobernador si esa era la idea que de cultura tenía para Guerrero. No ha respondido, y creo que no lo ha hecho porque se ve que la política cultural de Guerrero parece dictada desde el Distrito Federal por Marcelo Ebrard por la profusión de conciertos de rock, trovadores cubanos y grafiteo y disipación a granel. Sólo falta que, fiel a su verdadero patrón, Alejandra Frausto también ponga playas artificiales en Acapulco. Ganas no le han de faltar a sus colaboradores si con eso consiguen manejar una cantidad mayor de dinero.
Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos@gmail.com

Rulfo en Guerrero / Invitación


Yo, ciudadano
Rulfo en Guerrero / Invitación
Gustavo Martínez Castellanos

No sé si Juan Rulfo vino a Acapulco al igual que muchos otros grandes escritores que inclusive ubicaron sus historias en este puerto. Lo que sí es posible observar es que Guerrero y Acapulco han visitado la obra de Rulfo ya que en ella se observa su impronta a través del caciquismo, la miseria que genera. Y el erotismo.
PRIdo Páramo: Durante setenta años, el partido de la revolución mexicana no sólo esclavizó a este pueblo sino que le aniquiló parte importante del alma: la rebeldía; y una parte esencial de su ser: la creatividad. En Guerrero seguimos padeciendo una rebeldía a modo del gobierno en turno, llámese de centro o de izquierda. Y de los poderes fácticos. Fulgor Sedano continúa quitándole el derecho de patalear que tienen los ahorcados a los luchadores sociales y al ciudadano común través del terror y la conveniencia. Y de la rara conjunción iglesia-estado que nuevamente “alfabetiza”, como en tiempos de la encomienda. Que fue nuestra etapa medieval. ¿A dónde podría ir el padre Rentería?
Las exequias de Susana San Juan: La creatividad como expresión universal, en Guerrero no puede dejar de ser una fiesta de juegos, cohetes y golosinas si la organiza el IGC. Feria pueblerina en la que el gobierno canaliza recursos de cultura para generar un ambiente que agrade al turista, y atraiga al consumidor, al soso fan de Sábado Gigante. La estética de Pedro Páramo siempre será echar las campanas a vuelo en un ensordecedor acto aunque Comala se esté muriendo de hambre. Y Susana San Juan nunca las escuche.
AcapulComala: Sí, el gobierno federal se cruzó de brazos y AcapulComala padece desempleo, inseguridad, olvido. Locales vacíos en la costera. Mercados abandonados. Familias que se han ido “al otro lado”. Calles y barrios muertos. A falta de una mentalidad suprema, las demás se ciñen al rol del autoflagelamiento: ¡Nos quitaron el Tianguis! ¡Nos lo quitaron! Paralizada aquella fuerza que aún recrimina el rechazo popular, la Curraca sigue llevando jovencitas al Miguel Páramo extranjero y Juan Preciado aún no encuentra a su padre: ¡Una chamba en el gobierno; de lo que sea! Damiana ruega por que le vendan una plaza de maestro. Y toda ideología política es incestuosa… y nadie hace tanto escándalo.
…en llamas… ¿No oyes ladrar los AK 47? Seguimos adelante, la sierra que nos han dado está allá arriba. Aquí, todo va de mal en peor. Ellos eran ahí los dueños de la tierra y de las casas que estaban encima de la tierra. Fui parco en promesas como candidato, optando por prometer lo que únicamente podía cumplir y que al cristalizar, tradujérase en beneficio colectivo y no en subjuntivo, ni en participio de una familia genérica de ciudadanos. ¿Dices que el gobierno nos ayudará, profesor? ¿Qué país es éste Agripina?
El erotismo: Felipa antes iba todas las noches al cuarto donde yo duermo, y se arrimaba conmigo, acostándose encima de mí o echándose a un ladito. Iban a cada rato por agua al río y a veces, cuando uno menos se lo esperaba, allí estaban en el corral revolcándose en el suelo, todas encueradas y cada una con un hombre trepado encima. Cuando dejaba el cuerpo dormido de Margarita, ella comenzaba a abrir los ojos. Sabía que sus piernas redondas, duras y calientes como piedras al sol del mediodía, estaban solas desde hace tiempo. Si eres de lo que no se olvida… eras suavecita. En el mar yo sólo me sé bañar desnuda…  Es que Pedro Páramo quiso tenerlo todo sólo para tener a Susana San Juan. Y cuando la tuvo en realidad no la pudo tener. El erotismo fue el motor histórico, político y económico de esta gran novela mexicana de amor llamada Pedro Páramo.
Estaremos pendientes del retorno de Rulfo a Guerrero el año que entra. Gracias, Gela.
Invitación:
El próximo sábado 19 de Noviembre, en el salón Palma Sola del Hotel Playa Suites, se llevará a cabo la presentación de mi primer libro: Siete modelos femeninos para William Shakespeare. A través de este espacio invito a mis amigos y a mis lectores a que me acompañen en este evento que celebra a la tenacidad y en el que mis alumnos serán los presentadores. Aída Espino, pintora y profesora; primerísima promotora cultural de Acapulco; tres veces directora municipal de cultura y ganadora de los premios estatales de literatura “María Luisa Ocampo” y “Bando Alarconiano”. Astrid Paola, estudiante de licenciatura en literatura y ganadora de los premios estatales de cuento “José Agustín” y “Maria Luisa Ocampo”. Ari Jonathan García, licenciado en educación básica, ensayista y segundo lugar del Premio Nacional de Poesía “Punto de Partida”. Y Pável Ricardo Morales, estudiante de ingeniería y premio Estatal de Cuento “José Agustín”.
Siete modelos femeninos para William Shakespeare, un libro con historia y misterio.
En 2008, cuando recibí el premio Nacional de Literatura “Gilberto Owen” que realiza el Instituto Sinaloense de Cultura, recibí también la oferta para publicar el libro. Accedí y esperé a que me llamaran para ir a presentarlo a ese bello estado. Antes, envié el manuscrito a Carlos López, director de Editorial Praxis, casa designada por el ISC para la publicación. Sin embargo, a casi dos años de distancia de aquella oferta, no me llamaban. Carlos López me escribió vía e-mail para preguntarme si sabía algo sobre los trámites, porque a él ni le informaban sobre posibles cambios ni le habían dado recursos para iniciar. Me pidió que preguntara en el ISC qué pasaba. Lo hice; pero varios encargados -que se fueron pasando la responsabilidad de uno a otro-, primero me dijeron que sí se realizaría la edición y, después, que no. Les pedí que me notificaran por escrito. Tampoco lo hicieron. Cuando les preguntaba por teléfono por qué no me enviaban esa notificación, ellos pretextaban: “Se nos acabó la tinta”. “Una funcionaria tiene que firmarlo”. “Se me olvidó”. Ante esa errática –y boba- actitud, dirigí una carta al gobernador de Sinaloa en la que me deslindaba de cualquier compromiso con su gobierno. Y le reclamé, entre otras cosas, que el ISC haya mantenido secuestrado el libro por dos años y que con la actitud de sus empleados intentara evitar que alguien más lo publicara. No replicó, pero tampoco pudimos enterarnos de sus motivos para secuestrar el libro y para evitar que alguien más lo publicara.
Carlos López había recibido copia de esa correspondencia y, en lugar de molestarse por la actitud de ese gobierno, me dijo que mi libro le había gustado y que quería publicarlo. Accedí gustoso y dejé todo en sus manos. Casi un año después me escribió para decirme que el libro estaba listo. Días más tarde, me envió los ejemplares correspondientes al pago de derechos de autor. De esa forma, Carlos López hizo realidad este libro. Le envío mi amistad en un abrazo y espero que nos acompañe este día 19 que cierra exactamente tres años de la primera fecha de premiación (porque luego hubo dos más). Y aprovecho para preguntarle si por fin se ha enterado de las razones que tuvo el ISC para impedir que Siete modelos femeninos para William Shakespeare fuera publicado. Espero que algún día el ISC permita que alguien nos despeje esa duda. Quiero agradecer públicamente a mi amigo Sergio Salmerón, Gerente del Hotel Playa Suites, quien siempre ha apoyado a la cultura en Acapulco, por facilitarnos el salón Palma Sola para esta presentación.
Ahora, espero que esta invitación llegue a mis lectores y a mis amigos como parte de la celebración por la concreción de un libro que fue condenado a no ser pero que ya está aquí. Nos vemos este sábado 19 a las 18:30 Hrs. en el salón Palma Sola del Hotel Playa Suites.  Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos@gmail.com

sábado, 5 de noviembre de 2011

“Fieles difuntos”


Yo, ciudadano
“Fieles difuntos”
Gustavo Martínez Castellanos

La semana que hoy termina celebramos en México y en buena parte del mundo cristiano a los fieles difuntos. La frase abraza connotaciones que abarcan diversos ángulos de nuestra vida cultural y resulta en muchos grados ecuménica. En algunas partes de América, aquellos “que han pasado a formar parte entre los muertos”, reciben de los vivos un banquete material de connotaciones espirituales por el hecho de ser “fieles”. Es decir, de haber sido católicos; desde el bautismo hasta la extremaunción. Y, una vez que nuestras rogativas los liberan del purgatorio y residen en la gloria –todo buen católico no puede ir al infierno-; pueden acceder a reunirse con sus seres queridos en ese festín que son los altares bella y ricamente ornamentados y  provistos de toda vianda al gusto que en vida tenían.
Cada elemento de ese festín tiene una significación exacta: el vino y el pan que son parte de la eucaristía; el guiso elaborado que habla de una fiesta, la sal y el agua para saciar la sed en ese viaje metafísico de magnitudes cósmicas y los juguetes y cigarrillos, pequeños gustos que especifican la identidad del fallecido y que en nuestros pueblos elaboran un intricado sincretismo. Fieles difuntos y Todos los santos son celebraciones que el mundo católico, con una practicidad que anquilosó la Reforma, elaboró para este y el otro mundo como una filosofía que da cuenta de nuestra naturaleza efímera. Y de la eternidad del alma.
En mesoamérica, la tradición encajó bien y a tiempo con la visión cósmica de los pueblos más desarrollados que veían en el sacrificio humano la única forma de mantener el dinamismo del universo. Al menos el mundo azteca celebraba a la muerte –según Sahagún- cada uno de sus dieciocho meses y tenía un contacto directo con la misma a través de manifestaciones tales como el zompantli o los días no fastos en que el mundo caía en un sopor que semejaba a la muerte. Tablada refleja de forma geoespacial ese sincretismo en  “El ídolo en el atrio” y del que Fuentes retoma un verso para dar nombre a su primer libro: Los días enmascarados que deriva -de una traducción macarrónica- de nemotemi. De esos elementos eminentemente telúricos se extraen la significaciones nuestras del copal, los papalotli y las calaveras de azúcar, presencia directa del zompantli.
De Guerrero, cuyo territorio fue conquistado –sólo en parte- hasta el reinado de Ilhuicamina por Ahuízotl, sin embargo, la representación de la muerte deviene de tres elementos ctónicos: el culto a Xipe, el desollador; al jaguar-sol y el color rojo, emblema dicotómico del sol que cae y de la muerte. En la profundidad de la expresión de la otra vida, estos elementos niegan su cotidianidad y cubren de velo la conciencia del paso al más allá. Hacia la eterna noche. El sincretismo nos salva de ese abismo: Jesús es resurrección, la vía dulce hacia el Mictlán. La redención.
Sin embargo, el periodo de violencia que vive México ha retraído el ánimo luminoso de la visión católica y nos ha regresado a esa zona oscura de nuestra conciencia: la muerte cotidiana, la muerte desollada y desmembrada, la muerte como un enigma que el horror y la cercanía potencian. Y del cual, ni la Iglesia ni los hallowens nos han podido alejar. Antes bien, ésta última, como expresión mercadológica y moderna de otra profunda tradición, ha cedido terreno en este día: cerradas las discotecas, inseguras nuestras calles de noche, permeados los barrios por el temor a las guerras entre bandas, las familias, en su mayoría, hicieron recogimiento y se entregaron a la única tradición a que pertenecemos y que nos dice lo que somos “fieles” y lo que –vamos ser en un lejanísimo mañana- “difuntos”.
Los panteones –espacios émulo de nuestras urbanísticas- volvieron a llenarse de cempaxúchiles, copal y cantos. Al menos en el de las Cruces -donde reposan mis padres- la música emergió de bandas, redobas, tríos y solistas; o grabadoras; inclusive, celulares. El festejo a los muertos nos otorga también la idea de que tal vez entre esta vida y aquélla, el único puente insalvable es la ausencia. La que padecemos de tantas cosas en México al que, sin embargo, no dejamos de ser fieles; mientras él no deja de hacernos difuntos…de miedo.
Visiones culturales
Ha pasado una semana y “Margarita” (heterónimo de Marquines, según una querida lectora local) no presentó pruebas de sus infamantes acusaciones. Con eso quiero cerrar este capítulo que Marquines abrió en el año 2000 cuando, desde El Sur, con un difamante artículo execró mi postura expuesta en el encuentro “El sur existe a pesar de todo” de aquel año. Para no ahondar sólo deseo exponer que en Guerrero hay muchas visiones culturales, todas respetables; el error de Marquines y de todos los miembros de su grupo es que deseen imponer la suya a fuerza de golpes mediáticos y políticos contra los otros grupos o actuantes culturales y de tratar así de erigirse en “el” grupo representativo del arte y la cultura en Guerrero. No lo son. Y no lo son porque no han querido serlo, porque buscan su provecho personal por encima de todo el de un pueblo que necesita como ningún otro -debido a sus niveles de atraso- de sus mejores ciudadanos. Y porque, aparte, han sido egoístas, violentos y deshonestos. Y ciegos, creen –al menos Jeremías lo ha expresado así- que los guerrerenses somos “pendejos”. Con ello y al confundir nuestra tolerancia y natural hospitalidad reconocen que no nos conocen.
Aún con eso debemos agradecerle que con esa postura nos haya enseñado todo lo que nunca debemos permitirnos ser, ni hacer. Ni como artistas, ni como actuantes culturales, ni como seres humanos. Ello deja claro que el grupito de Jeremías no representa a nadie más en Guerrero que a ellos mismos y a Alejandra Frausto quien ya contrató también a Iris García para reforzar más al grupo de Jeremías en el IGC. También debemos agradecerle que con sus ataques y sus anónimos nos haya fortalecido; pues, a decir de un buen amigo que es embajador, nos pone en charola de plata la oportunidad de despejar cualquier duda sobre la limpieza y el honor de nuestros nombres... y de la falta de dignidad del suyo.
Miscelánea
Una disculpa a Isaías Alanis quien me aclaró que en la “Semana de Juan Rulfo en Guerrero” él no era parte del grupo organizador y por un descuido incluí su correo en la pasada invitación que envié desde este espacio. * El IGC trajo a histriones a cantar y bailar a Guerrero ¿qué sigue? * La Fiesta de la Nao además trajo chinos y acróbatas * ¿Para cuándo el fomento a la cultura en Guerrero? * Que periodistas locales acusaran al licenciado Armando Añorve de haber sido grosero con ellos sólo puede deberse a malentendidos: a que no los haya recibido el gobernador o a que él hubiera tenido un lapsuslinguae con ellos; de ésos que como costeños en ocasiones de stress o júbilo se nos dan. Pero nada más. Conozco al licenciado Armando desde el interinato, cuando yo dirigía una revista, y siempre recibí de él un trato digno y cortés. Durante la campaña, y hace unos meses que fui a Casa Guerrero, reafirmó ese profesionalismo. En Guerrero, también debemos entender que no es fácil seguirle el paso a alguien como Ángel Aguirre quien, fiel a sí mismo, desea cumplir su compromiso de sacar adelante a Guerrero en ésta su gestión. * El nuevo Tianguis Turístico de Guerrero va viento en popa; con una visión propia, amplia y profunda de lo que somos, según adelantos que nos ha dado Sergio Salmerón, su Director.
Nos leemos en la crónica gustavomcastellanos@gmail.com